Mostrando las entradas con la etiqueta Mario Morquencho. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mario Morquencho. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de marzo de 2008

Espejito

Cada mañana, cada noche:
espero ver tu nebulosa,
¡maldita!, alimentándose
de ópalos inmersos
en flores negras.
Paquidermicamente odiando
a la blanca nieve que cae
como un múltiple y millonario
suicidio de estrellas,
mientras un sinfín de preguntas
viajan entre el sonido del látigo
que desprende tu venenosa lengua
hasta el corazón de las hadas.
Ahora preguntas: ¡Quién es la más bella!
¡Quién es la más bella del reino!
y sólo sé que crepitan calaveras azules
desde la profundidad de tu vanidad
y hay distorsión en tus ojos,
también hay lágrimas latiendo
en una ceremonia de sombras
que peregrinan hasta el hechizo:
¡Ahora ya mordí
la primera parte de tus ojos!
y cuando tu rostro conciba una sonrisa,
me habrá dejado de gustar:
la nieve dormida en tus cabellos

[ Autor: Mario Morquencho ]

jueves, 29 de marzo de 2007

Dos poemas de Mario Morquencho

V



Altas columnas,
cerros de incertidumbre,
humo:
Predador de colores.
Sublimación de cuervos en el aire,
toxina homicida pudriéndole el corazón a la esperanza.
Paisaje atroz a grises,
decadencia en carne viva sobre piel muerta,
carroñero pensamiento en la altas columnas, altísimas...
-¿Allá hay flores? -
No. Sólo hay barrotes.
No me preguntes cuantos
¡Sólo barrotes!
Innumerables
donde yacen clavadas las manos de todos los ojos
de todos los hombres.











VI



La ciudad:
La celda con escaleras negras clavadas
bajo el cielo gris.
Yo, aún voy por la primera escala,
por el peldaño oscuro que multiplica
escalón por escalón...
Llegar al ultimo piso

es sorprender al abismo con la boca abierta
¡Hambrienta!...
Enmudecer viendo la puerta cerrada que no da tregua
da ganas de dejar volar palabras-murciélago de mi lengua...
Y lidiar con el humo, con la ciudad,
con el cielo preñado de sótanos
donde jugamos

a vivir

martes, 27 de marzo de 2007

Rímac

RIMAC

Yo me molesto con la vida
- Y no sé por qué con ella –
Cuando paso el puente
y veo flotar cartitas de amor en heces
por el río...
¿Suicidarse desde allí?
- ¡Ni loco!-
Seguro la muerte no se animaría
a recoger mi alma confundida
entre toda esa mierda congelada
allí abajo...
A que en esa parte, el sol y el infinito,
así como yo, cierran los ojos
para no reflejarse en las aguas...
Hasta he llegado a creer
que mi reloj se malogró
y dejó de jadear, el otro día,
por hacerme el valiente
estando más de un minuto,
con la esperanza de ver algún loto,
entre esa nausea acuática...
Pero nada, vasta con decir que ningún arco-iris
se atrevió a defecar por esos lares,
sólo las nubes, que a veces escupen,
o algún borracho que micciona su decadencia...
Y pienso que si alguno de nosotros fuera pez,
estar en esos charcos sería:
cumplir cadena perpetua encerrado
en la comunión de todos los pedos,
o respirar en la entraña de los estreñidos...
Yo me molesto mucho con la vida
cuando paso el puente
y veo ese río,
como un portal parecido a los que salen
en las películas de ciencia- ficción
cuales nos llevan a lugares desconocidos
en tiempos indefinidos,
este río es el portal que nos aborta
hacia el vomito infinito
de dios.



Mario Morquencho
Perú

jueves, 22 de marzo de 2007

"Ocaso"








De “mares y abismos”


I

Al oído misterioso
del oeste, el sol susurró:
- Está llegando el fin...

Más que un susurro,
estas palabras son
el sudario
del último aliento
en el morir diario
y horizontal
del sol.

II

Es malabarista
la briosa esfera,
que en el horizonte espera
y, a través de la brisa, grita
y desespera:
- Ya llegó el final…

III

Las fáculas lanzan
sus amarillos filosos
que rasgan al espacio
que pronto sangra colosal.

IV

¡Ya ven el ocaso!,
a primera vista,
en la perspectiva de amor,
cuando la sangre abraza
tales lanzas occidentales;
sin importar acarrear
por todo el orbe
su gran pasión;
ni descender
al llano o al collado
hasta morir en la costa
de arenosa canción.

V

¡Sí!
El ocaso, el clímax, el fin...
Briscan en la mar.
Todo esto es más
que una profunda
decadencia,
es más
que una ensimismada
gloria.

VI

Se va el ocaso...
Y en el hombro misterioso,
el sol rayos llora...

Se va triste,
hasta darnos la espalda.

Cerró la puerta
y la luna se abrió
y sollozando dijo:

- Éste es el fin…

VII

Y lloró…
también lloró la luna;
y el oscuro cielo rescató
las lágrimas,
las cristalizó
y se las puso en las mejillas.

Sonrió y dijo,
como para mantener
la esperanza
en fresca sombra
o en diáfano brío lunar:


-¡No! No, querida amiga,
éste no es el final.

Autor: Mario Morquencho León
Pais:Perú




Imágen: www.carlosmonsalve.com